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Es habitual ver en consulta el siguiente patrón. Una persona, normalmente entre los treinta y cinco y los cincuenta y cinco años, llega con un cuadro digestivo que arrastra desde hace años. Ha pasado por gastroenterología, ha hecho colonoscopia, ha repetido analíticas. Le han dicho lo que más se oye en estos casos: no encontramos nada. Le ponen una etiqueta funcional, le sugieren reducir el estrés, y la persona se va a casa con la sensación rara de que oficialmente no le pasa nada y, sin embargo, lleva años sin dormir bien por culpa del intestino.

Cuando empiezo a hablar con esa persona en consulta, la conversación deriva, casi siempre, hacia la misma zona. Ritmo de vida insostenido. Una infancia con un padre o una madre emocionalmente impredecible. Una vigilancia interior que no se apaga ni durmiendo. Una sensación, sostenida durante años, de no poder bajar la guardia.

No le digo que su intestino es psicológico. Sería una simplificación insultante. Le digo otra cosa, que es lo que voy a intentar contar aquí.

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## Lo que la palabra psicosomática significa de verdad

La palabra está mal usada. La uso yo a veces porque es la que la gente entiende. Pero conviene aclararla.

Psicosomática no quiere decir que el síntoma sea inventado. No quiere decir que la persona se lo está creando con la mente. No quiere decir que con pensar en positivo se va. Esas son lecturas populares y son, sencillamente, falsas.

Lo que la palabra describe, cuando se usa con rigor, es algo distinto. Describe el hecho fisiológico, bien documentado, de que el sistema nervioso autónomo, el sistema endocrino y el sistema inmune están en comunicación constante con la corteza emocional. Y que cuando esa comunicación se mantiene en estado de alerta crónica durante años, produce alteraciones medibles en órganos concretos.

No es metáfora. Es química. Cortisol elevado de forma sostenida. Disregulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Inflamación de bajo grado. Permeabilidad intestinal alterada. Cambios en el microbioma asociados a estrés crónico.

Felipe Hernández, farmacéutico y divulgador en nutrición ortomolecular y autor de varios libros sobre la conexión entre nutrición, sistema nervioso y enfermedad crónica, lleva años explicándolo en términos accesibles. Sus textos divulgativos, sin renunciar al rigor, ponen sobre la mesa la idea de que separar cuerpo y mente en compartimentos no es solo filosóficamente discutible: es clínicamente impreciso.

Y desde otro ángulo, ya citado en otros posts, está el trabajo de Bessel van der Kolk en *El cuerpo lleva la cuenta* (Eleftheria). Su propuesta es la misma idea desde la neurociencia del trauma: las experiencias emocionales no resueltas no se quedan flotando en una zona inmaterial. Se inscriben en el cuerpo como patrones autonómicos.

## El intestino que no se relaja

Volvamos al patrón. Esa persona con el digestivo deshecho desde hace años.

Si tomamos en serio lo que la fisiología nos viene mostrando, no necesitamos lecturas mágicas. Necesitamos una pregunta sencilla. ¿Cuánto tiempo lleva el sistema nervioso autónomo de esta persona en modo simpático activado? ¿Cuántos años lleva sin entrar de verdad, ni de noche, en estado parasimpático profundo?

El intestino se regula con el nervio vago. El nervio vago es el principal canal del sistema parasimpático. Cuando una persona vive en estado de alerta sostenida, el nervio vago no hace su trabajo. La motilidad intestinal se altera. Las secreciones digestivas se desajustan. El microbioma cambia. La pared intestinal se vuelve más permeable. Y aparecen síntomas que la endoscopia no encuentra porque no son una lesión: son una disregulación funcional.

¿Es eso psicosomática? Sí, si entendemos la palabra como Hernández, van der Kolk y otros la entienden. No, si la entendemos como la entiende mucha gente, que es como sinónimo de imaginario.

## Por qué la consulta solo somática no resuelve

Si la persona viene a consulta y trabajamos solo con osteopatía sobre el diafragma, sobre las cadenas viscerales, sobre la columna dorsal, va a sentir mejoría. La motilidad va a mejorar. La movilidad del diafragma va a permitir que la respiración baje, y eso ya activa el parasimpático.

Pero si la persona vuelve a su casa, a su trabajo, a su mismo nivel de exigencia, a sus mismas relaciones de pareja conflictivas, el patrón vuelve. En tres semanas, en dos meses, vuelve.

Por eso, en mi consulta no separo. Trabajo lo somático con osteopatía y acupuntura. Trabajo lo emocional con hipnoterapia integrativa. Trabajo la regulación neuromuscular con kinesiología. Y, sobre todo, trabajo a la persona como un sistema entero, no como un órgano que va a parte de la historia que lo habita.

Esto no es ideología. Es, sencillamente, lo que funciona cuando los síntomas tienen base autonómica.

## Lo que no quiero hacer en este post

No quiero convencerte de que todos los síntomas son psicosomáticos. No lo son. Hay enfermedades orgánicas que requieren atención médica especializada. Hay procesos que necesitan valoración médica con diagnóstico de imagen, analítica avanzada, cirugía si toca. Si tienes un dolor nuevo, intenso, mantenido, lo primero es la medicina convencional. Siempre.

Lo que tampoco quiero hacer es lo contrario. Hay un sesgo cultural que sigue mirando lo psicosomático como signo de debilidad, como algo que la persona se inventa, como un fracaso de la voluntad. Eso también es falso. Y hace daño.

La verdad, hasta donde podemos llegar a verla con la investigación actual, está en el medio. Hay enfermedad orgánica pura. Hay disregulación autonómica con expresión visceral. Y hay zonas grises donde lo orgánico y lo emocional se trenzan tanto que separarlos pierde sentido clínico.

Mi trabajo está, casi siempre, en la zona gris.

## Una nota honesta sobre los límites

He visto procesos donde la integración del trabajo emocional ha permitido recuperaciones que la persona ya no esperaba. He visto otros donde, después de meses de proceso bien hecho, la mejoría era parcial. No todo se resuelve. No todo se resuelve rápido. No todo se resuelve con un solo enfoque.

Si alguien te dice que lo cura todo, desconfía. Yo no.

Lo que sí ofrezco es una mirada que no fragmenta a la persona en órganos sueltos. Y eso, después de años trabajando así, sigo viendo que produce procesos más completos que los enfoques que separan.

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## La parte que no estaba prevista

Cuando llevaba años viendo este patrón, fui notando algo. Detrás de muchas de estas disregulaciones autonómicas crónicas, casi siempre, había una historia infantil concreta. No siempre traumas grandes. A veces eran cosas pequeñas, repetidas, que habían instalado al sistema nervioso en alerta antes de los siete años. Y el sistema, fiel a lo aprendido, había seguido toda la vida en ese registro.

Eran cinco escenas posibles. No más. Las heridas de la infancia, en distintas combinaciones.

Después de muchas sesiones me planteé si valía la pena ponerlo por escrito.

Lo escribí. Salió el 28 de mayo.

## Desmontando a Cupido

Es la primera entrega de la Serie Emociones. Recorre las cinco heridas de la infancia, una por una, y describe no solo cómo se manifiestan en la vida emocional adulta sino también qué expresiones somáticas suelen acompañarlas. Está escrito para personas que llevan años con síntomas que la medicina convencional ha desestimado como «funcionales» y quieren entender, sin esoterismo, qué hay debajo.

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*Aviso de alcance: la consulta no sustituye atención médica urgente, diagnóstico sanitario ni tratamientos prescritos. Acompaña procesos físicos, emocionales y funcionales desde una mirada integrativa y complementaria.*

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