Empecé a escribir el libro pensando que sabía lo que quería contar. A los pocos meses descubrí que era el libro el que me estaba contando algo a mí.
No es una frase bonita para un post. Es lo que pasó.
Hubo una tarde concreta, ya no me acuerdo del día, en la que llevaba cuatro horas escribiendo sobre la herida de rechazo. Estaba intentando explicar el patrón típico que se repite en consulta: cómo aparece, qué hace en el cuerpo, qué dice la persona cuando empieza a ponerle nombre. Iba bien. La página tenía ritmo. Y en algún momento, sin darme cuenta, dejé de estar describiendo a otros.
Estaba describiéndome a mí.
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## La creatividad como vía de auto-conocimiento
Hay una idea que repite Mario Alonso Puig en sus charlas y que durante mucho tiempo me sonó a frase de divulgador con buena dicción. Decía, más o menos, que el acto de crear no es solo expresar lo que sabes; es la manera que tiene tu inconsciente de mostrarte lo que aún no te has atrevido a mirar.
Yo lo escuchaba y asentía con la cabeza. Lo entendía como concepto. Como otra cosa que se dice en los escenarios.
Hasta que escribí Cupido.
Cuando llevas más de diez años acompañando procesos en consulta, aprendes a moverte con cierta soltura entre los temas. Sabes nombrarlos. Sabes ordenarlos. Sabes dónde se rompen las personas y por qué a veces tardan años en darse cuenta. Pero saberlo profesionalmente y haberlo atravesado en uno mismo no es lo mismo. Y un libro, cuando lo escribes en serio, no te deja quedarte en la primera capa.
Hay algo que pasa cuando llevas mil palabras escritas sobre la herida de abandono y de pronto te encuentras llorando en la silla. No estás triste por el lector. Estás triste por algo que creías cerrado.
Probablemente lo había olvidado un año después. Pero el cuerpo no.
## Lo que no esperaba encontrar
Pensé que iba a escribir un manual divulgativo. Una manera de poner por escrito lo que hago en consulta para que llegue a más gente de la que me cabe en agenda. Eso era el plan.
Lo que apareció fue otra cosa.
Apareció, primero, una confesión que no estaba en el guion. Yo también he tenido herida de injusticia. Bastante. Y durante años pensé que mi rigor profesional, mi obsesión por hacerlo todo bien, mi trabajo de doce horas, era vocación pura. No lo era del todo. Una parte era vocación. Otra parte era un niño pequeño, que ya no soy yo pero sigue dentro, intentando demostrar que merece estar.
Apareció también, escribiendo el capítulo sobre la herida de rechazo, una memoria muy concreta. Tenía nueve años. Había una situación escolar que me había reído mucho años después, en alguna sobremesa, contándola como anécdota graciosa. Y de pronto, escribiendo, dejó de tener gracia.
Y apareció, sobre todo, la sensación de que había estado tratando a las heridas como categorías técnicas. Cinco escenas posibles. Un mapa útil. Y eran un mapa útil. Pero también eran territorio vivo que yo había caminado sin saber del todo que lo estaba caminando.
## Por qué te lo cuento
No te lo cuento para hacer auto-promoción emocional. Lo cuento porque creo que tiene importancia para quien esté leyendo esto y se esté planteando entrar en un proceso terapéutico, o esté escribiendo, o esté haciendo cualquier otra cosa que le exija mirar dentro.
Lo de Mario Alonso Puig era verdad. La creatividad, cuando la tomas en serio, es una vía de auto-conocimiento. No reemplaza el trabajo terapéutico. No reemplaza la consulta. Pero abre puertas que la conversación cara a cara, a veces, tarda meses en abrir.
Me ha pasado escribiendo. Y me ha pasado en consulta viendo a personas que llevan un diario, o que pintan, o que componen música. La obra empieza siendo una expresión de lo que la persona cree que tiene dentro. Y al cabo de un tiempo, si la persona no se asusta, la obra le devuelve cosas que no había puesto a propósito.
A veces es una palabra repetida. A veces es un color que vuelve. A veces es un personaje secundario al que el escritor le ha dedicado más amor del que la trama justifica.
El inconsciente no grita. Cuchichea. Y la creatividad le sube el volumen.
## Lo que cambió en mi consulta
Después de escribir el libro, algo cambió en cómo trabajo. No es metodología nueva. La forma de trabajo sigue siendo la misma. Lo que cambió es algo más íntimo.
Cuando ahora alguien llega a consulta con una herida de injusticia, ya no la veo solo desde fuera. La reconozco también desde dentro. No de forma invasiva. No proyectándola en la persona que tengo enfrente. Pero hay una calidad distinta de escucha, una especie de comprensión que viene del cuerpo y no de los apuntes.
Y eso, creo, es lo que más le agradezco al libro. No las ventas, que ojalá vayan bien. No los lectores, que también. Sino que me obligó a sentarme con cosas mías que llevaba tiempo aplazando con la excusa de que estaba ocupado ayudando a otros.
Es un truco viejo de los terapeutas. Vivir tan inmerso en el dolor ajeno que el propio queda en segundo plano. El libro no me dejó.
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## El método que está debajo de todo esto
Cupido no es un libro sobre mí, evidentemente. Es un libro sobre las cinco heridas de la infancia y cómo siguen actuando en la vida adulta. Pero está escrito desde un lugar que solo entendí del todo escribiéndolo: la convicción de que no podemos acompañar a nadie a un sitio en el que nosotros no hemos estado nunca.
El método con el que trabajo, la Terapia Natural Adaptativa Integrativa, integra cuatro disciplinas en una sola consulta porque la persona no es una sola cosa. No es solo cuerpo. No es solo mente. Y tampoco es la suma exacta de partes. Es algo más vivo, más cambiante, más adaptativo.
Igual que un libro.
Y aquí es donde tengo que contarte algo. Llevo años haciendo este trabajo, y al final, después de muchas sesiones, me planteé si valía la pena ponerlo por escrito. Pensé que sí. Pero no sabía, cuando lo empecé, que el libro me iba a cambiar a mí más que a quien lo lea.
Lo escribí. Salió el 28 de mayo.
## Desmontando a Cupido
Es la primera entrega de la Serie Emociones. Habla de las cinco heridas de la infancia, de cómo se instalan en el cuerpo, de cómo se camuflan en la edad adulta y de qué se puede hacer con ellas si uno se decide a mirarlas. Está escrito para personas que han hecho terapia y para personas que no han pisado nunca una consulta. He intentado que sea accesible sin perder rigor.
Si has llegado hasta aquí leyendo, probablemente algo te resuena. No tiene por qué ser todo. A veces basta una frase.
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*Si quieres leer otros posts de esta serie sobre las heridas, el método y la consulta, los iré publicando a lo largo de junio.*